Crítica
 

Catálogo de la exposición "13 artistes i el vi" con texto de Anton Maria Espadaler.

 

Catálogo de la exposición en Ambit (2006) con texto de Quico Rivas.

Texto de
Quico Rivas
Publicado en
Revista E.G.
fecha
Agosto 2003
En los albores del siglo pasado, durante el imperio de aquella flamígera vanguardia bolchevique, muchos artistas modernos descubrieron, de un día para otro como quien dice, las artes primitivas. Tan apasionantes, significativas y decorativas como las mejores piezas del canon occidental. La escultura negra. La artesanía esquimal. La caligrafía china. Los jeroglíficos egipcios. Las teselas helenas. Los mandalas indios. Las pinturas prehistóricas. Los delirios de los alienados. Los iconos rusos. Altamira, la cabala, la polla en verso, hasta las señales de humo de los nativos americanos. Se produjo entonces algo exactamente contrario a lo que hoy llaman "choque de civilizaciones": algo así cómo una extraña comunión de artes, estilos y tiempo. Presente y pasado, antiguo y moderno, clásico y futurista, vanguardia y tradición, en tanto que categorías dejaron de tener sentido. Faenillas para catalogadores y críticos. Todo y todos, mal que nos pese, devenimos en contemporáneos. Por alguno de esos pliegues o agujeros de gusano es posible remontarse a la protohistoria, ese limo del que disfrutamos los rebotados de la historia. Un tiempo mítico donde la escritura y la pintura compartían un mismo plano: la pictografía. Y a lo largo de más de cien años muchos pintores han transitado por ese territorio. De Lee a Mompó, De Torres-García a Michaux, por poner ejemplos disparejos. Y así don Antonio Saura tuvo la feliz idea de rescatar el códice armenio para presentar en público a Don Bonifacio, ese otro impresentable gran pintor de monigotes, musarañas y bichitos, ahora me cabe a mí el honor de presentarles a ustedes los “Códices de Gaüses” que Luis Krauel expondrá durante el mes de agosto en la Galería Côclea de Camallera. Krauel quiso mudarse al Empordà, fiado posiblemente de aquella recomendación de Josep Pla de que se trataba de un país donde aún se podía vislumbrar "el sueño de la vida libre" y arcádica. Y se empeñó en volcarse a tiempo completo en un oficio, el de la pintura, que no por esforzado, exigente y en vías de extinción, deja de ser uno de los últimos oficios verdaderamente libres que perdura en el mundo. En esta colección de grandes lienzos y monumentales acuarelas de impecable factura nos topamos con legiones de pequeños seres, signos, ideogramas y garabatillos a cual más enigmático. Tan sólo unos pocos nos resultan familiares: una seta, un pájaro, algunas criaturas del bosque, un pozo, la silueta de un campanario, el rastro de un jabatillo, una mesa rústica, puede que hasta una copa de vino. Se nos presentan meticulosamente alineados de izquierda a derecha y en filas paralelas de arriba abajo. No significa esto que debamos leerlas por ese orden, de manera convencional. Nuestra mirada enseguida se apunta a las diagonales, a las subidas o bajadas escalonadas, y cuando queremos darnos cuenta estamos embobados frente a una de esas figurillas cuyo sentido último se nos escapa a pesar de creer que lo tenemos en la punta de la lengua. Y en cada nueva vista descubriremos otros que se nos pasaron por alto en la anterior. Cuando Clara Garí, fundadora y alma mater de esta pequeña gran fundación, nos presentó por primera vez hace cinco años la obra de su amigo Krauel, ya nos avisaba. Cuando los calores y las fiestas del verano y su secuela de visitantes y veraneantes los dejamos en paz, es cuando en esta tierra empieza lo bueno. "Es el momento, decía, de comprarse algunos mapas locales de escala 1:25.0000 para ensayar senderos inexplorados". El momento en que pintores de la estirpe de Krauel se ponen en marcha. Quien piense que el de la pintura es un oficio sedentario o no sabe de pintura o no conoce a Krauel. Alguien, asegura Clara, que sabe mucho de "cosas importantísimas para nosotros". Pájaros, setas, árboles, plantas, infusiones, biscuit atómico. Cosas que no suelen dejar mucha huella en el común de los mortales pero que él ha conseguido que sedimenten en "un poso de pintura". Cinco años después ya no será preciso ni comprar planos a escala. "Los Códices de Gaüses" vienen a resolvernos ese problema. Si yo pudiera los reproduciría a tamaño natural y, convenientemente plegados, los pondría a disposición de los caminantes y peregrinos avisados para que se pierdan y se encuentren a gusto por esos mismos bosques y senderos.
   
Texto de
Mateo Seguí
Publicado en
Catálogo galería Ambit
fecha
julio 2001

  Buscando la definición de una palabra en el diccionario (María Moliner) y a propósito de que Luis (Krauel) vive en el campo, encontré una acepción que va de maravilla para entrelazar las pinturas de Luis con su vida campestre “Campo: fondo de una tela o papel con dibujos, o de un cuadro, grabado, etc.”.
Y, ello, viendo la pintura de Luis hace que me adentre en una cualidad conectada a la perfección entre su manera de ser, de vivir, y su pintura. Cualidad de sencillez que también tiene esta otra acepción acorde con el “campo”: costumbres sencillas de los campesinos. Y es que la persona sencilla suele ser sensible y Luis tiene la aptitud para recibir y dar sensaciones. Se impresiona con la belleza de las cosas, siendo su resultado, lo que veo en esta exposición, un todo armónico ya que unidas las partes, elementos que configuran el todo, este resulta bello. Luis imagina y plasma en el cuadro esta facultad que no es otra que la de crear.
Con cariño, Luis me ha pedido la presentación de esta exposición y como le tengo yo a él cariño no quiero defraudarlo con “crear” algo ya que mi imaginación sólo tiene un recuerdo político, la primavera de un año lejano y por tanto lo mejor será “copiar” y copio dos frases que definen, creo yo, sinceramente y de forma imparcial esta exposición radicalmente ligada con la persona que la crea.
“Huye en todo la demasía”, de Pítaco de Mitilene, sabio que lo fue sólo por esta frase.
Y como empecé hablando de una María, acabará con otra, esta la Zambrano
“La humildad suele ser el punto de partida mas firme para lanzarse a una ilimitada aventura”.
Paseando Leuq(u)im advierte a Inot la presencia de un hombre que anda hacia atrás. Inot le contesta diciéndole sí, ya se quien es, es un hombre que su vida va hacia atrás, siempre. No come, puesto que cuando entra al comedor, sale, o sea, no come. Y hablar, no habla, porque sus palabras van hacia adentro. Leuq(u)im dice, me gustaría conocerlo, saber como es, a lo que Inot le contesta, hagamos como él, vayamos hacia atrás, no hablemos, no comamos y quizás podremos saber quién es. Y así ambos lo hacen, retroceden, no comen y no hablan. Y, siguiendo su descaminar se encuentran, y oyen las palabras del hombre que retrocede, no come, ni habla que dice ”QUE BONITO ES HACER NADA”
 
Texto de
Clara Garí
Publicado en
Catálogo galería Ambit
fecha
diciembre 1998
 

Ahora que se fueron los veraneantes del Empordà y se acabaron las fiestas, llegan para nosotros esos días de otoño de no ir a ningún sitio. Pasan los pájaros de paso y llueve, o por lo menos debiera llover. Hay quien siente nostalgia pero se queda en casa. Hay quien se aterroriza y acto seguido sale de viaje por un mes. Y otros empezamos a jugar a lo de la “sonrisa para uno mismo”, con la esperanza de atisbar a través de ella, en nuestro interior, algo del misterio del mundo. Suelo entonces comprarme algunos mapas locales de escala 1:25.000 para ensayar senderos aún inexplorados. Los caminos han sido cortados por los tractores, lo se de sobras. Nunca encuentro el camino indicado en el mapa –casi siempre destruido- sino otro que no lleva a la fuente sino al bosque o al rio, pero me da los mismo. Lo anoto cuidadosamente en el mapa, para otra vez, pero casi nunca hay otra vez. Otra vez busco por otro sitio. Me gusta hacer cosas así, sin preocuparme de las probabilidades de alcanzar un resultado. Buscar con todo rigor, libre del afan de encontrar nada.

Hay unas cuantas cosas que comparto con Luis Krauel, especialmente en estas épocas del año. Una es la afición a escuchar el canto de los pájaros. Otra, la afición a las setas. Y otra más: la pintura.

Admitámoslo de entrada: Krauel sabe mucho de pájaros y yo bastante poco, Krauel encuentra muchas setas y yo muchas menos. Y finalmente, fíjense como pinta Luis Krauel, en cambio yo no he pintado nada desde hace años, no me gusta pintar.

Pero todo ello no cambia ni un ápice las cosas: en tales actividades,Luis y yo somos cómplices y compartimos una actitud: la de recorrer senderos por el placer del camino mas que por el afán de llegar a ningún sitio, la de salir a campo abierto a ver que pájaro se escucha (frente a la de andarse por ahí a la búsqueda de un ejemplar raro), la de salir a buscar alguna seta (frente a la de salir a coger setas), la de recorrer un camino a ver a dónde lleva (frente a la de ir de Caballera a Viladesens por el Mas de la Mora), la de pintar años y años como quien hace el té.

Durante años y años Luis Krauel ha trabajado en sus papeles y en sus telas, tranquilamente, en el taller de su casita de Caballera. Si ha acabado exponiéndolo todo, ha sido gracias a la insistencia de sus amigos. No es que no le gustara enseñarlo, pero a diferencia de la mayoría de pintores que conozco, Krauel no pintaba para una exposición. Pintaba por pintar, por increíble que pueda parecer a algunos.

Hacemos té, buscamos caminos y setas, escuchamos pájaros, hablamos a veces de todo ello. Son cosas importantísimas para nosotros pero no dejan huella. Con el mismo talante, ha estado haciendo algo que ha dejado poso: pintura. Es una suerte, sobre todo para los demás. Por la pintura, naturalmente, pero sobre todo por todo lo que conlleva yt todo lo que descubre: un arte de vivir, un mundo de gestos sin rastro, una actitud en la que el esfuerzo se borra para que sólo se note la belleza de la presencia pura del tiempo, el ahora sin huellas. Es la simplicidad del té y del hai kai, la que Cage entendió precisamente buscando por buscar (que no por encontrar) setas. Algo muy difícil de describir, simplísimo, pero imposible de explicar a quien nunca lo ha sentido.

Algo para lo que este texto –que pretende ser una invitación a intentarlo- ya es excesivamente largo. Pasen, y vean.